miércoles, 2 de febrero de 2011

La lección de la Perestroika: el error del comunismo


Sistematizo la historia política del siglo XX, y me quedó con el dicho popular “Cada quien tiene el gobierno que se merece”, ¿será cierto?
El siglo XIX terminó con la sensación de transición de las monarquías ilustradas a democracias parlamentarias, y la nueva concepción masónica que el estado es un ente en donde el poder no reside en la autoridad de representantes populares sino en la capacidad del estado de estar omnipresente en la vida de sus representados, de los ciudadanos. Y en esa mezcolanza de ideas, europa se vio presa fácil de pugnas políticas y diplomáticas que eructaron la infeliz 1era guerra mundial, y posteriormente el nacionalismo exacerbado de un país herido por la comunidad de naciones, hizo de un militar promedio en el líder –“fuhrer”- de una potencia armamentística que hizo de la II guerra mundial el episodio mas triste en la historia contemporánea.   Y esto en las democracias capitalistas de la época, la historia de la dictadura de los pueblos es otra historia, paralela y luego intrínseca con occidente.
De los grupos enemigos de la autoridad legítima (la iglesia, el estado, estamentos sociales, tradiciones culturales, etc.) , que comenzaron con el nihilismo hasta el organizarse ideológicamente en el exabrupto de la radicalización social plasmado en un itinerario político que centraba al hombre en el mas puro materialismo y su  aspiración última en la “comunidad” de los medios sociales de producción; fácilmente ganó adeptos entre las masas obreras oprimidas –otrora grupo de labradores y agricultores- por la apoteosis de la industrialización europea , y llevó a derrocar gobiernos legítimos por descendencia monárquica o instituidos constitucionalmente de manera cruenta y violenta. El término «revolución» es eso, una ruptura radical  con el orden anterior y una formación de administración basado en el centralismo de una sola persona, y su único grupo de co-gobernantes.
Es asi pues, la consecución de los gobiernos inspirados en la revolución francesa, y exacerbados por la Bolchevique, dieron pie al más álgido sistema opresor que haya existido, superado en pocos aspectos por el Nazismo. Todo sistema que nazca evadiendo el fin integral y sobrenatural del hombre, y que se reproduzca bajo un afán totalizador de uniformizar el desarrollo individual de las personas con un estado omnímodo y omnipresente están destinados al fracaso, en cuanto que contradice la ley natural inscrita en el corazón de la humanidad desde su  llamado a la existencia; la aspiración individual no puede ser colectiva –dado las capacidades y destrezas diferentes en cada individuo, al margen de su educación-, menos tender a la confrontación de clases –la raza humana coexiste con las diferencias sociales y mas aun: se necesitan-, y la abolición de la división del trabajo y del dinero –tan necesaria en el desarrollo de las industrias y la producción de servicios- y la coacción de la libertades públicas y  económicas –intrínsecamente ordenadas a ser social y pluridimensional humano-; son mecanismos ajenos a la ética universalmente aceptada y reñida con cualquier confesión teista y democrática.
¿Cómo definir la izquierda moderna? Como el conjunto de máximas idiológicas, políticas y sociales que utiliza demagógicamente un lenguaje populista, para poder llegar al poder por medio democrático y constitucional, y asi lograr sus fines políticos y totalitarios bajo afanes reivindicativos.
La Perestroika fue el triunfo de la concertación occidental por el bien común, probó que los experimentos idiológicos del marxismo-leninismo los pagó caro la humanidad –y los sigue pagando en pueblos oprimidos por la voluntad dictatorial de oligarquías revolucionarias y populistas-; la lección fue pagada a muy alto costo, solo que ya nadie habla de ello.

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